El futuro de la estabilidad comercial en América del Norte enfrenta un escenario de incertidumbre prolongada. Juan Carlos Baker, exsubsecretario de Comercio Exterior y actual director de Ansley Consultores Internacionales, advirtió que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podría quedar atrapado en un ciclo de revisiones anuales durante una década si no se alcanza un consenso integral en 2026.
Durante su intervención en un foro especializado, el exnegociador del acuerdo señaló que, aunque existe la percepción de que el 1 de julio de 2026 es una fecha límite definitiva, el marco jurídico del tratado permite una flexibilidad que, lejos de ser una ventaja, podría derivar en un estancamiento operativo para los sectores automotriz y manufacturero.
La base técnica de esta posible extensión se encuentra en el artículo 34.7 del acuerdo. Esta cláusula establece que la primera revisión del T-MEC debe realizarse al cumplirse seis años de su entrada en vigor, la cual ocurrió en 2020. Sin embargo, Baker aclaró que la normativa no obliga a las partes a concluir satisfactoriamente el proceso en esa fecha específica.
De no lograrse una ratificación conjunta en 2026, el instrumento comercial no desaparece de forma inmediata, sino que se activa un mecanismo de revisiones anuales sucesivas. Este proceso podría repetirse hasta el año 2036, momento en el cual, de persistir el desacuerdo, el T-MEC dejaría de tener validez jurídica para las tres naciones.
Para especialistas en comercio exterior, este escenario de revisiones constantes representa un desafío para la atracción de capitales. La inversión extranjera directa, especialmente aquella vinculada al fenómeno del nearshoring, requiere de marcos normativos transexenales que garanticen la seguridad de las operaciones a largo plazo.
- Las empresas podrían postergar inversiones ante la falta de reglas claras.
- Las cadenas de suministro regionales enfrentarían costos operativos variables.
- La competitividad frente a otros bloques comerciales se vería comprometida por la inestabilidad política.
Baker destacó que, aunque el escenario óptimo para México sería una renovación automática por otros 16 años, las señales actuales sugieren una negociación más compleja de lo previsto, influenciada por tensiones comerciales previas y medidas arancelarias bajo argumentos de seguridad nacional por parte de los socios del norte.
En el contexto local, esta advertencia cobra especial relevancia para el estado de Querétaro. Como uno de los principales receptores de inversión en los rubros aeronáutico y automotriz, la economía estatal está intrínsecamente ligada a las disposiciones del T-MEC. Históricamente, la entidad ha basado su crecimiento en la exportación y en la integración de cadenas de valor globales que dependen de la libre circulación de bienes en Norteamérica.
Una década de revisiones anuales obligaría a los parques industriales queretanos y a las empresas transnacionales asentadas en la región a operar bajo un esquema de planeación a corto plazo, lo que podría frenar proyectos de expansión que actualmente se encuentran en fase de evaluación ante el dinamismo del mercado estadounidense.
Finalmente, se enfatizó que el sector privado y el sector público deberán coordinar estrategias para presentar un frente sólido en 2026, buscando evitar que el tratado entre en un periodo de desgaste administrativo que debilite la posición estratégica de México en el continente.










