México se encuentra en una coyuntura económica marcada por una contradicción estructural. A pesar de su integración en el mercado norteamericano y el dinamismo reciente derivado del nearshoring, el ritmo de crecimiento promedio nacional se ha mantenido en un 2 por ciento anual durante las últimas tres décadas. Esta cifra resulta insuficiente para reducir el rezago en términos de bienestar e ingresos frente a las economías desarrolladas.
Especialistas en materia económica señalan que el factor determinante detrás de este estancamiento es el nivel de inversión. Mientras que potencias emergentes como China mantienen niveles de inversión cercanos al 40 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), y Corea del Sur ronda el 30 por ciento, México fluctúa históricamente entre el 22 y 24 por ciento. Esta diferencia limita la modernización de infraestructura y la adopción tecnológica en los sectores productivos.
El fortalecimiento del llamado Plan México requiere integrar la reinversión de utilidades como un eje central de la política económica. Bajo esta perspectiva, las ganancias de las empresas no deben ser vistas únicamente como rendimientos para accionistas, sino como la principal fuente de ahorro e inversión interna. La acumulación de capital dentro de las propias unidades productivas permite elevar la capacidad instalada y fomentar procesos de innovación.
La experiencia internacional, particularmente en Asia Oriental, ofrece lecciones sobre este modelo. Durante su proceso de industrialización, Japón priorizó la expansión productiva sobre la rentabilidad a corto plazo. Empresas en Corea del Sur aplicaron estrategias similares, destinando sus utilidades a la capacitación y la expansión global, lo que permitió la creación de conglomerados competitivos a escala internacional.
Para revertir la excesiva dependencia de la inversión extranjera, se propone el diseño de instrumentos que incentiven a las empresas nacionales a reinvertir sus beneficios. Entre las medidas planteadas destacan:
- Esquemas de depreciación acelerada para adquisiciones en manufactura avanzada y automatización.
- Establecimiento de créditos fiscales dirigidos a investigación y desarrollo tecnológico.
- Tasas diferenciadas en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) para utilidades que se queden en la empresa para fines de expansión.
- Creación de un sistema de certificación para empresas con alto impacto en la generación de empleo y productividad.
En el estado de Querétaro, esta discusión cobra especial relevancia debido a su perfil industrial y su papel como centro de innovación. En años recientes, la entidad ha destacado por atraer centros de datos y plantas de alta tecnología; sin embargo, la consolidación de proveedores locales depende directamente de su capacidad para reinvertir en certificaciones y maquinaria de última generación. Una política nacional que premie la reinversión fortalecería los clústeres aeroespacial y automotriz que son pilares de la economía regional.
La reorganización de las cadenas de suministro globales y la transición hacia energías limpias exigen que México no solo sea un receptor de capitales, sino un generador de riqueza con capacidad de reinversión. La competencia tecnológica global obliga a las empresas a mantener un ritmo constante de actualización para no perder mercado.
Finalmente, el éxito de las estrategias de transformación productiva dependerá de la creación de un entorno financiero y fiscal que considere la reinversión de utilidades como una inversión en el futuro nacional. Sin una base empresarial sólida que apueste por su propio crecimiento, los beneficios del nearshoring podrían ser temporales, limitando el potencial de desarrollo sostenible para las próximas generaciones.










