El funk cósmico de un gato de ciudad: El viaje de Jamiroquai

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A principios de los noventa, cuando el mundo todavía intentaba sacudirse la resaca del grunge y el pop manufacturado, un joven con un sombrero ridículamente grande y un par de pasos de baile imposibles decidió que el futuro de la música estaba en mirar hacia atrás. Jay Kay no solo formó una banda; invocó el espíritu del soul y el funk de los setenta para inyectarle una dosis de adrenalina ácida y elegancia británica. Así nació Jamiroquai.

Desde los primeros acordes de «Emergency on Planet Earth», quedó claro que no estábamos ante un producto pasajero de la radio. Había una urgencia real, una conciencia ecológica mezclada con líneas de bajo que obligaban a las suelas de los zapatos a gastarse contra el pavimento. La propuesta era un híbrido perfecto: el virtuosismo instrumental de una banda de jazz-funk de la vieja escuela fusionado con la estética moderna y espacial de un mundo que ya soñaba con el nuevo milenio.

El estallido definitivo llegó con «Virtual Insanity». No solo fue el video del piso deslizante lo que capturó la imaginación colectiva, sino esa capacidad de Jay Kay para cantar sobre el aislamiento tecnológico con un groove que era, irónicamente, lo más humano y orgánico que se escuchaba en las pistas de baile. Jamiroquai logró algo que pocos consiguen: ser comerciales sin perder la sofisticación, y ser sofisticados sin volverse aburridos.

A través de los años, entre sintetizadores análogos, Ferraris y sombreros de plumas, la banda ha mantenido una mística inquebrantable. Discos como Traveling Without Moving o A Funk Odyssey son testamentos de una época donde la música todavía tenía espacio para el aire, para que los instrumentos respiraran y para que el ritmo fuera el verdadero protagonista.

Jamiroquai es ese viaje interestelar que comenzó en las calles de Londres y que aún hoy, cuando suenan los primeros compases de «Cosmic Girl», nos recuerda que el rock y el funk no son géneros distintos, sino dos caras de una misma moneda llamada libertad. Son el sonido de un futuro que nunca llegó a ser frío, porque siempre tuvo un corazón latiendo a ritmo de síncopa.

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Queen
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