Tras un inicio de año caracterizado por la incertidumbre financiera, diversos indicadores del sector secundario y del comercio exterior han motivado una revisión al alza en las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México para el cierre de 2026. A pesar de una contracción inicial del 0.6 por ciento en el primer trimestre, el dinamismo de la industria y las exportaciones sugiere un cambio de tendencia en la actividad económica nacional.
Las cifras más recientes proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan un crecimiento mensual del 2.1 por ciento en la actividad industrial, lo que representa un avance anual del 1.8 por ciento. Estos datos superan los registros previos y establecen una base sólida para el desempeño del segundo trimestre del año.
En el ámbito del comercio internacional, México alcanzó una cifra récord en exportaciones durante el mes de abril, sumando un total de 72 mil 42 millones de dólares, lo que implica un incremento del 32.6 por ciento. Este comportamiento se complementa con el sector automotriz, el cual registró un repunte del 4.9 por ciento en las ventas de unidades al cierre de mayo, consolidándose como uno de los pilares de la recuperación.
La situación de México se distingue de lo observado en otras latitudes, donde la desaceleración ha sido más pronunciada. En el marco del T-MEC, la economía de Canadá presentó señales de una virtual recesión técnica tras un estancamiento en el primer trimestre, derivado de una caída en la inversión empresarial y la incertidumbre por políticas arancelarias en la región norteamericana.
En el continente europeo, el panorama es similar:
- La zona euro reportó una contracción trimestral del 0.2 por ciento.
- Alemania y Francia mantienen crecimientos marginales del 0.3 y 1.1 por ciento anual, respectivamente.
- España destaca como excepción con un avance del 2.7 por ciento anual, impulsado por el consumo interno.
Este escenario global, influenciado por los costos energéticos derivados de conflictos en Medio Oriente y el endurecimiento de las políticas monetarias de los bancos centrales, resalta la resiliencia que ha mostrado la manufactura mexicana frente a sus socios comerciales.
En el contexto local, Querétaro mantiene una vinculación directa con estas cifras nacionales debido a su vocación manufacturera y exportadora. Históricamente, la entidad ha servido como un termómetro de la industria automotriz y aeroespacial; el crecimiento reportado en la construcción a nivel nacional, que alcanzó un 10.4 por ciento en abril respecto al mes previo, encuentra un eco en los proyectos de infraestructura logística y parques industriales que se desarrollan en el Bajío.
La reactivación de la inversión pública y el desplome de la incertidumbre en las cadenas de suministro locales son factores que podrían permitir a la región mantener niveles de competitividad superiores al promedio nacional, conectando el dinamismo de las exportaciones con el fortalecimiento del mercado interno.
El desafío para la política económica en lo que resta de 2026 reside en reducir la dependencia de los ciclos externos. Los especialistas coinciden en que el impulso a la inversión pública y privada en proyectos de infraestructura es fundamental para sostener la tendencia positiva observada en el sector de la construcción.
Si bien los indicadores actuales no sugieren un crecimiento extraordinario, sí marcan una trayectoria de estabilización que supera las expectativas pesimistas del inicio de año. La clave para la consolidación económica dependerá de que el consumo de los hogares y la formación de capital mantengan el ritmo mostrado durante el segundo trimestre.









