México inicia cuenta regresiva para el Mundial 2026

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La República Mexicana ha iniciado formalmente la cuenta regresiva para la Copa del Mundo de la FIFA 2026, un evento que marcará un hito en la historia del deporte profesional al ser la primera edición que se celebrará en tres naciones de forma simultánea. El próximo 11 de junio, el Estadio Azteca se convertirá en el epicentro global al albergar el partido inaugural, consolidando a México como el único país en el mundo en recibir el torneo en tres ocasiones distintas (1970, 1986 y 2026).

El formato de la competencia para 2026 contempla una expansión significativa, pasando de 32 a 48 selecciones participantes. Este incremento se traduce en un calendario de 104 partidos que se extenderá hasta el 19 de julio. No obstante, la organización presenta una distribución asimétrica: mientras Estados Unidos concentrará 78 encuentros, México y Canadá albergarán 13 partidos cada uno.

En el territorio nacional, la actividad se focalizará en tres sedes principales: la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Para la zona del Bajío y estados como Querétaro, la cercanía geográfica con las sedes de la capital y la capital jalisciense prevé un flujo constante de visitantes y una reactivación en los sectores de servicios y transporte regional durante los meses de junio y julio de 2026.

Las proyecciones sobre el impacto financiero del torneo muestran discrepancias entre diversas instituciones financieras. El análisis de Moody’s Analytics y Deloitte estima una contribución moderada al Producto Interno Bruto (PIB) nacional, situándola entre el 0.13% y 0.14%. Por otro lado, instituciones como BBVA y Banorte sugieren un alcance que podría llegar hasta el 0.62% del PIB.

  • Derrama estimada: Se calculan ingresos por aproximadamente 2 mil 730 millones de dólares.
  • Empleo: La generación de puestos temporales podría oscilar entre los 100 mil y 200 mil empleos.
  • Sectores beneficiados: Hotelería, servicios gastronómicos y comercio minorista en las ciudades sede.

A diferencia de lo que ocurrirá en Estados Unidos, donde se proyecta una derrama de 17 mil 200 millones de dólares, en México el fenómeno tendrá un matiz más social que macroeconómico. Mientras en el norte el fútbol competirá con ligas consolidadas como la NBA y la MLB, en México la competencia se asume como un fenómeno de identidad nacional y cohesión social.

Históricamente, los mundiales en México han dejado una huella profunda en el centro del país. En 1986, el Estadio Corregidora de Querétaro fue una de las sedes emblemáticas, albergando partidos de selecciones de alto perfil como España, Dinamarca y Alemania Occidental. Aunque para 2026 la entidad no figura como sede oficial, la infraestructura hotelera y de conectividad de Querétaro jugará un papel logístico fundamental para los aficionados que se desplacen entre las sedes del centro y el occidente del país.

El gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentará el reto de gestionar la logística y seguridad del evento en un periodo de revisión del T-MEC y tensiones bilaterales con Washington. La estrategia gubernamental se centrará en utilizar el Mundial como una vitrina para la infraestructura y la marca país, aunque el protagonismo mediático se verá dividido por la relevancia que cobrarán las fases finales en territorio estadounidense.

En términos de legado físico, la inversión pública en estadios ha sido conservadora en comparación con experiencias previas como las de Brasil o Rusia. Según datos de la Federación Mexicana de Fútbol, se han destinado aproximadamente 14 millones de dólares en adecuaciones específicas, lo que reduce el riesgo de generar infraestructura subutilizada tras el torneo, pero también limita el impacto de transformación urbana a largo plazo.

Uno de los puntos críticos que destacan los analistas es la sostenibilidad del crecimiento económico una vez concluida la final del 19 de julio. La experiencia internacional sugiere que el repunte post-mundial suele ser breve, dejando tras de sí el desafío de mantener los niveles de ocupación y consumo alcanzados durante las semanas de competencia.

Para México, el éxito de la Copa del Mundo 2026 no se medirá únicamente en el marcador deportivo de la selección nacional, sino en la capacidad de los tres niveles de gobierno y el sector privado para capitalizar la visibilidad internacional y transformarla en beneficios sociales y turísticos permanentes que trasciendan la duración del torneo.

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