Journey, el viaje eterno de las luces y las sombras

El Hombre de negroÚltimas Noticias
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En el tablero del rock, pocas piezas han sido tan movidas, tan desgastadas y, al final, tan glorificadas como la maquinaria llamada Journey. No es solo una banda; es el testimonio de que el talento, cuando se mezcla con la persistencia, termina por doblarle las manos al destino. Pero cuidado, que en este camino de luces cegadoras también hay sombras que muerden.

Todo comenzó en las cenizas de Santana. Neal Schon y Gregg Rolie, tipos que ya sabían lo que era la gloria, decidieron que San Francisco necesitaba un sonido distinto. Al principio, Journey era una bestia de jazz-fusión, una propuesta técnica que deleitaba a los puristas pero no llenaba los estadios. Estaban en la cuerda floja, a punto de ser una nota al pie de página en la historia de la música.

Pero entonces, como si el azar les lanzara un salvavidas de oro, apareció la voz. Steve Perry no solo cantaba; Perry narraba el sentimiento de una generación con una garganta que parecía bendecida por los dioses y templada por el desierto. Con su llegada, el grupo dejó de ser un experimento para convertirse en un titán.

Vinieron los himnos. Escape y Frontiers no fueron discos, fueron biblias del rock melódico. ¿Quién no ha sentido el golpe de realidad en las notas de «Don’t Stop Believin'»? Esa canción es el refugio de los que no tienen a dónde ir pero se niegan a detenerse. Es la banda sonora de la esperanza en tiempos de cinismo.

Sin embargo, el éxito también genera fracturas. La salida de Perry dejó un hueco que parecía imposible de llenar y el mundo pensó que el viaje había terminado. Pero la fe es necia. Años después, Neal Schon encontró en las redes a Arnel Pineda, un hombre que desde Filipinas le devolvió el alma al gigante para demostrar que la marca es más grande que sus integrantes.

Hoy, Journey sigue ahí. Han pasado los años y las alineaciones han cambiado, pero la música sobrevive a los egos. Porque al final, cuando las luces del escenario se apagan y solo queda el eco, entendemos que este viaje no se trata de quién está frente al micrófono, sino de esas canciones que nos enseñaron que nunca hay que dejar de creer.

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