La trayectoria de Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, es uno de los fenómenos más disruptivos y acelerados en la historia de la música contemporánea. Su ascenso desde trabajar como empacador en un supermercado en Puerto Rico hasta convertirse en el artista más escuchado del planeta por varios años consecutivos, no es producto de la casualidad, sino de una visión artística que ha sabido romper todas las barreras idiomáticas y culturales. Su selección para encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl representa la culminación de un proceso de globalización del género urbano y un reconocimiento definitivo a su impacto en la cultura popular.
La NFL ha demostrado en los últimos años un interés genuino por modernizar su imagen y conectar con audiencias más jóvenes y diversas. En este contexto, la elección de Bad Bunny resulta estratégica y lógica. El artista no solo posee una base de seguidores que se cuenta por cientos de millones, sino que también ostenta un poder de convocatoria que trasciende fronteras. Para la liga, contar con el «Conejo Malo» significa asegurar niveles de audiencia récord, especialmente entre el público latino, que representa uno de los sectores de mayor crecimiento y consumo dentro de los Estados Unidos y en el mercado internacional.
La carrera de Bad Bunny se caracteriza por una evolución constante. Desde sus inicios en el trap con temas que se volvieron virales en plataformas digitales, hasta la creación de álbumes conceptuales como «Un Verano Sin Ti», el puertorriqueño ha demostrado una versatilidad única para navegar entre el reggaetón, el pop, el rock y hasta ritmos tradicionales del Caribe. Esta capacidad de innovación es precisamente lo que busca la NFL para sus espectáculos: un artista que pueda mantener una narrativa visual y sonora de alto impacto durante los doce minutos más valiosos de la televisión estadounidense.







