Aerosmith: Los chicos malos de Boston y el arte de burlar a la muerte

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La carretera nunca perdona a los débiles. El rock and roll está lleno de cadáveres que se quedaron a mitad del camino, de promesas que se ahogaron en sus propios excesos antes de cruzar la frontera de los treinta años. Pero hay una estirpe diferente. Una que cayó al fondo del abismo, escuchó el crujir de los huesos y, en lugar de entregarse al olvido, decidió escalar de vuelta para reclamar el trono. Hoy la aguja del tocadiscos cae sobre los surcos de los chicos malos de Boston: Aerosmith.

Formados a inicios de los años setenta, Steven Tyler, Joe Perry, Brad Whitford, Tom Hamilton y Joey Kramer no la tuvieron fácil. La prensa de la época, siempre corta de vista, los etiquetó como una copia barata de los Rolling Stones. Qué poco entendían. Mientras los británicos refinaban el blues con arrogancia londinense, Aerosmith le inyectaba una dosis de adrenalina puramente americana, un sonido sucio, pesado y callejero que se materializó en su disco homónimo de 1973 y en esa catedral del hard rock llamada Toys in the Attic (1975). Temas como «Walk This Way» y «Sweet Emotion» no eran canciones; eran declaraciones de guerra.

Pero el éxito rápido es un cóctel peligroso. A finales de la década, los llamados «Gemelos Tóxicos» (Tyler y Perry) colapsaron. Las guitarras se desafinaron entre la niebla de las adicciones, Joe Perry dejó la banda y el grupo se convirtió en una sombra errante que arrastraba los pies por los escenarios. Todo parecía consumado. El veredicto del negocio de la música era unánime: Aerosmith estaba muerto.

Sin embargo, el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido. En 1986, los raperos de Run-D.M.C. decidieron revivir «Walk This Way«, rompiendo la barrera entre el rock y el hip-hop. Esa chispa encendió de nuevo los motores. Limpios, sobrios y con una furia renovada, los de Boston firmaron el regreso más espectacular en la historia del rock con una trilogía impecable: Permanent Vacation (1987), Pump (1989) y Get a Grip (1993). Aprendieron a sobrevivir en la era de MTV sin perder los dientes, entregando clásicos como «Dream On» a las nuevas generaciones y baladas demoledoras como «Cryin’«.

Recientemente, tras más de cinco décadas de rodar sin frenos, la maquinaria tuvo que apagar definitivamente los amplificadores de las giras debido a las lesiones vocales de Tyler. Se retiraron de los escenarios, sí, pero con las botas puestas y el orgullo intacto.

Al final, cuando las luces se apagan y el humo se disipa, queda la certeza de que Aerosmith no sólo sobrevivió a la música; sobrevivieron a sí mismos. Nos dejaron el mapa de una carretera larga, peligrosa y ruidosa que nadie más podrá volver a transitar con la misma elegancia salvaje.

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