Ace Frehley, mejor conocido como el «Spaceman» de KISS, no es celebrado por ser un virtuoso técnico en el sentido clásico de la palabra, sino por una cualidad mucho más rara y valiosa en el rock and roll: tener un sonido y un estilo inconfundiblemente propios que definieron a una de las bandas más grandes de la historia.
Su capacidad como guitarrista se centró en la efectividad, el feeling y la melodía, cualidades que lo distinguieron de sus contemporáneos más enfocados en la velocidad. Frehley era un músico autodidacta, lo que significó que su estilo no estaba limitado por las reglas académicas, resultando en un playing crudo, lleno de garra y profundamente arraigado en el blues rock clásico de los años 70.
Sus solos son piezas esenciales de las canciones de KISS, no simples demostraciones de técnica; él creía en tocar lo que funcionaba para la melodía, haciendo que sus solos sean memorables, pegadizos y fáciles de tararear (como en «Shock Me» o «Detroit Rock City»).
Una de sus señas de identidad es el uso de un vibrato lento, amplio y muy expresivo, que le daba a sus notas una cualidad de «grito» o «chillido» muy distintiva y dramática. Aunque basaba gran parte de su trabajo en la escala pentatónica menor, Frehley la empleaba con licks curiosos, double stops (tocar dos notas al unísono con un bend peculiar) y una articulación única que creaba ese «sonido espacial» que lo caracterizaba.
Además, su capacidad no se limitó al audio, pues fue un innovador tecnológico en el escenario, diseñando la circuitería para que sus guitarras emitieran humo o luces durante sus solos, elevando el espectáculo en vivo de KISS.
Si bien otros guitarristas de su época tenían una técnica más «limpia» o veloz, el legado de Ace Frehley es la prueba de que en el rock, la autenticidad, el carisma y el feeling son más valiosos que la habilidad depurada. Su forma «imperfecta» y llena de «onda» de tocar fue perfecta para el rock and roll y para la banda que cofundó, inspirando a generaciones posteriores de guitarristas.






