Ramones: El mazo de Nueva York que cambió el Rock and Roll

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A mediados de los años setenta, el rock corporativo se había convertido en un monstruo inflado de autosuficiencia, solos de guitarra interminables y pretensiones sinfónicas. Hacía falta un golpe de realidad. En 1974, cuatro tipos marginales de Queens, Nueva York, que ni siquiera eran hermanos de sangre, se colgaron los instrumentos para recordar al mundo que el verdadero Rock and Roll no requería virtuosismo, sino actitud, velocidad y urgencia. Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy Ramone tomaron el escenario del mítico club CBGB y cambiaron la historia de la música para siempre.

El sonido de los Ramones era un bloque monolítico: canciones que rara vez superaban los dos minutos, tres acordes ejecutados a una velocidad frenética y una batería que funcionaba como un metrónomo implacable. Su álbum debut homónimo en 1976 costó apenas unos miles de dólares, pero su impacto fue multimillonario en términos de influencia. Temas como «Blitzkrieg Bop», con su grito de guerra «Hey ho, let’s go!», se convirtieron en el manifiesto fundacional del Punk Rock, un género que ellos prácticamente inventaron en un garaje.

Mientras en el Reino Unido agrupaciones como los Sex Pistols y The Clash capitalizaban el descontento social con un discurso político e incendiario, los Ramones cantaban sobre el aburrimiento suburbano, películas de terror de serie B y frustraciones mentales cotidianas. Discos como Leave Home y Rocket to Russia demostraron que detrás del muro de distorsión y las chamarras de cuero negro existía un profundo entendimiento de las melodías del pop de los años sesenta y de los grupos de chicas de la era de Phil Spector, pero aceleradas al triple de su velocidad original.

La tragedia de la banda radicó en el reconocimiento comercial, el cual siempre les fue esquivo en su propio país. A pesar de realizar giras de manera ininterrumpida durante más de dos décadas y ofrecer más de dos mil conciertos extenuantes, las estaciones de radio estadounidenses los ignoraron de manera sistemática. El desgaste físico y las severas diferencias ideológicas y personales —particularmente la enemistad de por vida entre Joey y Johnny— convirtieron la trayectoria del grupo en un ejercicio de supervivencia y disciplina militar que concluyó con su disolución en 1996.

Hoy, con todos sus miembros fundadores fallecidos, el tiempo le ha dado la razón a los de Queens. Los Ramones demostraron que la música le pertenece a la calle y no a los ejecutivos de las disqueras. Su logotipo es una marca universal de la cultura popular y su catálogo sigue siendo la escuela primaria para cualquiera que decida armar una banda en un garaje. Su mérito no fue la técnica, sino la honestidad brutal de un mazo sonoro que demolió los excesos de una industria y devolvió el rock a sus bases más puras y salvajes.

Autor

El Callejón del Coyote
Encabeza Felifer jornada de servicios «Alcalde en Acción» en Santa Rosa
EDITORIAL
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