La seguridad en la frontera norte de México atraviesa un periodo de reconfiguración tras confirmarse la disolución de los acuerdos operativos entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la facción de Los Chapitos en Baja California. Informes de las autoridades estatales señalan que esta fractura altera el mapa de influencia criminal en municipios estratégicos para el tránsito de mercancías hacia los Estados Unidos.
Este escenario de confrontación se produce en una entidad que, según datos del Índice de Paz México 2026, ha absorbido la mayor parte del impacto generado por la rivalidad entre estas organizaciones. Se estima que, en la última década, la disputa por el control territorial ha derivado en aproximadamente 30 mil homicidios a nivel nacional, de los cuales el 55 por ciento se han concentrado específicamente en suelo bajacaliforniano.
Desde la perspectiva de la seguridad en el centro del país, Querétaro se mantiene atento a estos desplazamientos de grupos delictivos. Dada la conectividad de la entidad queretana como nodo logístico y punto de paso obligado por la Carretera Federal 57 hacia el norte, los reacomodos de poder en las fronteras suelen motivar ajustes en las estrategias de vigilancia de la Guardia Nacional y corporaciones estatales para prevenir el efecto de desplazamiento de células delictivas hacia la región del Bajío.
Las investigaciones detallan que la ruptura de la alianza ha intensificado la vigilancia y los episodios de violencia en ciudades clave como Tijuana, Mexicali y Ensenada. Estos puntos son considerados neurálgicos para las redes de tráfico de sustancias ilícitas, así como para el movimiento irregular de personas y armamento.
La fragmentación interna del Cártel de Sinaloa, exacerbada por la división entre los seguidores de Los Chapitos y la estructura de La Mayiza, ha sido un factor determinante. Este conflicto interno, que escaló tras la detención de Ismael Zambada en julio de 2024, forzó a las células locales a buscar nuevos acuerdos que hoy parecen haberse agotado, dejando a la población civil en medio de una disputa por la hegemonía regional.
Hacia finales de 2025, los reportes de inteligencia habían detectado una cooperación inusual entre elementos del CJNG y operadores vinculados a los hijos de Joaquín Guzmán Loera. De acuerdo con el secretariado de seguridad estatal, esta unión temporal se hizo evidente en zonas como el Cerro Cuchumá, en Tecate, donde grupos que anteriormente eran antagónicos fueron vistos operando de manera conjunta contra células alineadas con otras facciones sinaloenses.
- Tecate: Se reportó el abandono de operadores de la facción de los Zambada para integrarse a la nueva estructura local.
- Mexicali y San Quintín: Identificados como corredores críticos para la distribución de drogas sintéticas.
- Tijuana: Centro de la mayor concentración de homicidios vinculados a la pugna por el control de colonias periféricas.
La situación de inestabilidad se ha profundizado con los reportes sobre el deceso de Nemesio Oseguera Cervantes, figura central del CJNG. Este vacío de mando ha generado que las jerarquías dentro de la organización jalisciense entren en un proceso de definición, lo que impacta directamente en la solidez de sus alianzas externas.
Las autoridades de seguridad pública han manifestado que los liderazgos actuales se encuentran en una fase de transición, lo que sugiere que los pactos entre células delictivas continuarán siendo volátiles en el corto plazo. El seguimiento de estos movimientos es crucial para las entidades federativas, ya que la mutación de las redes criminales redefine las rutas de operación en todo el territorio mexicano.









