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Si todo lo que ocurre en la vida tiene un fin, entonces los procesos que vienen no serán repetitivos del todo; pero sí muchos personajes que antes denostaron y que antes criticaron las formas y los fondos del cómo se hacía política, del cómo se designaba a los candidatos, hoy están de regreso. Pero ahora con la conformidad de que desde el centro de las decisiones se den los pasos definitivos para nombrar a los hombres y mujeres que más tarde, si es que los votos los favorecen, tomarán las decisiones a favor de San Juan del Río o a favor de ellos mismos, como suele suceder. Personajes que desde el gobierno de Jaime Nieto estuvieron en puestos claves se han empezado a sumar a algunos proyectos; no a los más partidistas, sino a los de mayor carga impositiva. Y ellos saben que los ven muy mal los ciudadanos, porque así trataron a quienes se acercaron a ellos. La memoria de los ciudadanos es cada vez más longeva y eso lo cobran caro; y como toda verdad silenciada se vuelve veneno, entonces no nos quedemos con ella. San Juan sí requiere de soluciones, sí de alguien que tenga el carácter para dar los pasos definitivos a los problemas fundamentales de una ciudad viva, de una ciudad que crece todos los días: heterogénea, politizada, pero también polarizada y poco participativa en la solución de los microasuntos locales de cada colonia, comunidad y fraccionamiento.

Es menester en estos tiempos entender que el mundo se mueve como un río, con curvas y cambiando de dirección, y todo indica que la sociedad ahora se ha dado cuenta de que la toma de decisiones a nivel nacional no ha sido la mejor; pero tampoco están conformes del todo con lo estatal. Los partidos se han convertido en entes burocráticos y nada permisivos para salir a luchar por los ciudadanos, a convertirse en verdaderos gestores, a enfrentar al poder sea cual sea su color y su nivel. Es necesario construir un nuevo hilo de esperanza para los ciudadanos; porque los programas sociales que hoy son constitucionales y para todos, mañana se convertirán en los impuestos, algunos impagables, que darán de manera inmediata una visión completa de lo que es un gobierno con ineficiencias y con un sentido poco claro de lo que representa dirigir a 140 millones de mexicanos, pues cada ciudadano tiene sus propios asuntos que resolver.

Qué les falta a los partidos hoy en día: valor físico y moral para levantarse y alzar la voz. Pues parece que no se han dado cuenta quienes hoy gobiernan que toda revolución o toda transformación, como ellos la intentan llamar, se va a la ruina innegablemente cuando se olvida de los revolucionarios y quienes llegan a los cargos son los advenedizos, los oportunistas, los de antes, los que tienen las mañas en cada una de sus actividades. Y entonces hoy, como hace siete años, el gobierno parece que no ve que se está suicidando poco a poco, y que la primera escala será sin duda el 2027, en donde no serán los partidos los que derroten a la mayoría en el Congreso, sino una sociedad que está llena de incógnitas y de descontentos, porque cada vez la vida exige más y da menos. Es cuento.

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