.Año con año, el tema de los cambios drásticos de clima invita a prevenir incendios e inundaciones.
El cerro de La Venta se ha degradado; no hay trabajo de nadie para evitar su erosión.
Esta elevación debe convertirse en área natural protegida. ¿En dónde están los ecologistas? ¿En dónde los ambientalistas?
Hay asuntos que no deben olvidarse; los siniestros también son historia. El cerro de La Venta es una elevación icónica para los sanjuanenses; es propiedad de los ejidos de San Juan del Río y de El Rosario. Ha sufrido sistemáticamente agresiones, no solo por los ciclistas que ya tienen varias rutas de incursión en él, sino ahora también por los razors, las cuatrimotos y algunos otros vehículos que, inclusive de noche, hacen ascensos.
El cerro de La Venta es una zona semidesértica, una elevación que pertenece al eje volcánico de nuestro país; se considera también una masa terrestre de origen de lava volcánica que está poblada de garambullos, huizaches, mezquites, palo xishiote, palo dulce, ocotillo y palo bobo, entre otras especies, además de pastizales bajos, con flora y fauna casi perdida en su totalidad.
En diferentes momentos ha sufrido incendios. En febrero de 2015, uno de ellos llegó inclusive a amenazar viviendas cercanas; se reportó fuego en las faldas del cerro con dimensiones preocupantes, aunque el combate fue casi inmediato y no pasó a mayores. En el mismo año, pero en diciembre, al oriente de la elevación se produjo de nuevo un incendio que afectó unas cinco hectáreas, todos en temporada de sequía.
Pero el más fuerte, y que alcanzó más de 60 hectáreas —casi la totalidad del cerro y de su vecino El Paisano—, fue en el 2019, un 9 o 10 de mayo; la columna de humo se alcanzaba a ver desde la salida de la ciudad de Querétaro. Participaron en el combate bomberos, Protección Civil y el Ejército con el Plan DN-III. El impacto fue devastador; propició algunas evacuaciones preventivas en la cercanía, sobre todo en la comunidad de Casa Blanca.
Los técnicos y las autoridades, aunque nunca dieron con el culpable o los culpables, sí dijeron que uno de los temas que más generan incendios es la quema de pastizales, las altas temperaturas, los vientos del norte en este tiempo y, desde luego, el descuido de la actividad humana al tirar colillas de cigarros o las llamadas quemas agrícolas controladas, que siempre se salen de control.
Esta elevación icónica, a la que todos los días los amantes de ejercitarse acuden como si fuera su gimnasio, recibe entre 200 y 300 asistentes durante todo el día, sobre todo los fines de semana. Estos corredores y caminantes no han sido capaces de organizarse con los ciclistas y con los de los razors para generar algunos trabajos de conservación para este cerro que, al ser de los ejidos como área común, está expuesto a ser vendido; ya se escuchan algunas propuestas para hacerlo.
Hoy que el Ejército Mexicano, con su grupo de ingenieros, está tomando otra gran franja de terreno en el cerro, debiera proponer un proyecto al Gobierno Federal, al Gobierno Municipal y al Estatal para rescatar estas elevaciones y convertirlas en grandes pulmones para las ciudades en crecimiento y desarrollo, porque San Juan del Río, como todos los municipios, merece y reclama mejor suerte.









