En una reciente comparecencia desde la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó como “un gran honor” la posibilidad de tomar control sobre Cuba, incrementando la tensión diplomática en un momento crítico para la isla. El mandatario republicano sugirió que su administración tiene la capacidad de intervenir, ya sea bajo un esquema de liberación o de toma directa.
“Tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella”, declaró Trump, quien describió al país caribeño como una “nación fracasada” debido a la carencia de recursos básicos, petróleo y capital financiero. A pesar de su dura retórica, el mandatario elogió el potencial geográfico y la belleza de la isla, mencionando incluso el éxito económico de ciudadanos cubanos residentes en territorio estadounidense.
Estas declaraciones surgen en un contexto de asfixia económica para La Habana, derivado del bloqueo energético impuesto por Washington en enero pasado. Trump ha insistido en que el gobierno cubano “caerá muy pronto”, ante las ruinas de su infraestructura, amenazando con una transición que podría ser “amistosa” u hostil.
Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó recientemente la existencia de canales de diálogo con el gobierno de Estados Unidos para buscar soluciones diplomáticas a las diferencias bilaterales, validando versiones que la administración Trump había adelantado previamente.
La isla enfrenta actualmente una situación límite. Esta semana se registró un nuevo apagón nacional, el sexto en los últimos 18 meses, exacerbado por el bloqueo petrolero que ha paralizado la economía y disparado el descontento social. La crisis energética, que se arrastra desde 2024, se ha agudizado en el último trimestre, dejando a la nación en una vulnerabilidad extrema ante las presiones externas.







