En una entrevista exclusiva concedida al diario New York Post, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió la puerta a una nueva y controvertida fase en su estrategia de seguridad: la ejecución de ataques “terrestres” directos contra los cárteles de la droga en diversos puntos del continente, incluyendo México, Centroamérica y Sudamérica.
Desde la Oficina Oval, el mandatario estadounidense sostuvo que su administración posee inteligencia detallada sobre las operaciones criminales. “Conocemos sus rutas. Lo sabemos todo sobre ellos. Conocemos sus hogares”, afirmó Trump, subrayando que el objetivo ahora es trasladar el combate desde las aguas internacionales hacia tierra firme. Al ser cuestionado sobre si estas incursiones podrían ocurrir en naciones como México, Venezuela o Colombia, su respuesta fue tajante: “Podría ser en cualquier lugar”.
Esta postura busca escalar el modelo aplicado en operaciones marítimas, donde el mandatario asegura haber logrado una efectividad del 97% en la intercepción de narcóticos en el Pacífico y el Caribe. No obstante, las declaraciones han encendido alarmas diplomáticas al poner en tela de juicio el respeto a la soberanía de los países involucrados.
Es importante precisar que, a pesar de la firmeza del discurso presidencial, hasta el momento no existe una orden ejecutiva formal, un plan operativo desclasificado ni la asignación de unidades militares específicas para realizar incursiones en territorios extranjeros. Por ahora, el anuncio se mantiene en el terreno de la retórica política y no en el de una acción militar inminente confirmada.
El anuncio de Trump colisiona directamente con la política exterior del gobierno mexicano. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido enfática al declarar que no se permitirá bajo ninguna circunstancia la presencia de tropas extranjeras en suelo nacional, calificando tal posibilidad como una violación a la soberanía y descartando una intervención militar tras sus recientes diálogos con la Casa Blanca.
Mientras el discurso de Washington gira hacia la acción directa, la relación bilateral se ha concentrado en el fortalecimiento de la vía judicial. En los últimos meses, México ha intensificado la cooperación mediante la extradición de decenas de presuntos líderes criminales hacia Estados Unidos.
Este mecanismo de entrega y colaboración institucional refleja que, hasta hoy, el canal principal para desarticular a los grupos delictivos sigue siendo el marco legal y los acuerdos diplomáticos, marcando una distancia considerable con la propuesta de operaciones militares unilaterales mencionada por el presidente estadounidense.




