Un rescate de gran valor cultural para Querétaro y los Queretanos, fortalece el patrimonio queretano.
El viejo teatro, que fue propiedad del sindicato de la textilera, es ahora ya un patrimonio de la ciudad.
Su aforo es de 1300 personas cómodamente sentadas, y este mismo año se promete volverá a funcionar.
Los que vivieron Querétaro en otros años y hoy son abuelos, recuerdan con nostalgia los lugares que tiene su ciudad, lugares en ocasiones polvorientos callados y apagados, y hasta parece que viven en el olvido, pero sus paredes, sus muros, sus telones, sus butacas y sus espacios de descanso, aún resuenan las voces, la música, los aplausos y esto desde luego es algo que añoran los habitantes de Hércules y la Cañada, que saben que reavivarán el Teatro Hércules, en la delegación Villa Cayetano Rubio.
Este recinto de cultura, de diversión y de solaz y esparcimiento tiene vida desde finales de la década de 1940, es uno de esos sitios que parecen pausados en el tiempo, esperando la señal para volver a latir, la construcción se inicia en el 48 y se concluye en el 50, es un referente de la cultura popular, y su primer nombre fue teatro Martín Torres, en honor a un gran líder sindical de la industria textil, el teatro en sí fue propiedad del sindicato de la Textilera Hércules.
Es menester destacar que generaciones completas han visto allí desde funciones teatrales hasta conciertos y espectáculos de diversa índole, pero la evolución de la ciudad, las nuevas necesidades de la sociedad fueron olvidando las viejas glorias urbanas, se fueron apagando las risas, las butacas fueron quedando vacías, el teatro cobró el silencio, como si esto fuera el más largo de los intermedios de la obra de teatro de la vida de un monumento a la cultura como este.
El grito de la primera llamada, luego la segunda y finalmente la tercera para arrancar la función parece que se vuelve a poner de moda, este año el gobierno de Felipe Fernando Macías Olvera, ha conseguido con recursos del municipio, que este Teatro Hércules, pase a ser patrimonio de los queretanos, lo que muchos hombres y mujeres de la cultura de esta ciudad patrimonio de la humanidad ya le llama un acto de justicia cultural.
El proyecto fue aprobado por el cabildo, fue un proceso de mediación entre el municipio y el sindicato, la adquisición fue aprobada con recursos propios del municipio, y no es solo una transacción inmobiliaria, sino un rescate del patrimonio, la memoria y desde luego la tradición del Querétaro que hay que conservar y seguir impulsando.
Hay que despertar a todos los que se han quedado dormidos tras bambalinas, y que los telones vuelvan a cobrar vida, que la nostalgia que se evoca vuelva a tener en su menú risas, alegría, presencia y desde luego diálogos y tendrán vida en este teatro maravilloso con un aforo de más de 1300 personas, siendo hasta el momento el recinto cultural de mayor capacidad en el patrimonio del municipio, superando inclusive al Teatro de la Ciudad, que antes fue el Cine Alameda. El tema con esta adquisición radica en que la cultura vuelve a ser una de las grandes prioridades de la ciudad, sus barrios cobran singular importancia, las calles sin duda se convierten en conductores con los centros de cultura, hoy hay un nuevo foro para escuchar música, para deleitarse con una canción, o bien para reír a carcajada abierta con una puesta en escena, que cautive a la colectividad queretana y visitante.
La rehabilitación, proyectada para concluir este mismo año, incluye no sólo la intervención técnica de butacas, sistemas e infraestructura, sino la reconstrucción simbólica de un espacio de encuentro social y artístico. Talleres, obras, conciertos y, sobre todo, comunidad: así se imagina el futuro de este teatro, cuya historia se reescribe ahora con tinta nueva, al compás de una ciudad que reclama su patrimonio para devolverlo a la gente.
Se termina una época de silencio de puertas cerradas; de silencio de butacas vacías, y de silencio de un telón inmóvil, pero como dicen las crónicas de los teatros, estos edificios con como los viejos actores, nunca olvidan sus parlamentos… y ahí al oriente de Querétaro, el teatro Martín Torres, fue testigo y escenario de actores que por primera ocasión pisaban un teatro, pero la ciudad creció, los centros comerciales brillaron más que los reflectores y las luces teledirigidas desde la distancia, y eso fue apagando toda la magia que tenía el teatro para atraer a los asistentes, hasta llegar casi a extinguirse, pero hoy vuelve a levantarse con un gran hilo de esperanza y de capacidad de respuesta para decirle a la ciudad solo fue un intermedio largo, seguimos de pie y seguimos siendo referentes de cultura y de alegría.
Dien los que sí saben y los que conocen de este tipo de construcciones, que los teatros no son ladrillos y cemento o mezclas raras con las que se sostienen las paredes, los teatros con entes vivos, vibrantes, que resisten el paso del tiempo y que como el Teatro Hércules en ocasiones descansan, pero resisten el paso del tiempo, el teatro no estuvo abandonado, estaba en un compás de espera y se sostiene en su memoria que vuelve a encender sus luces y arrancará nuevamente expresiones de sorpresa y de alegría, pero también de nostalgia.




