Reflexión para empresarios exitosos

Mario Alberto HernándezÚltimas Noticias
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Hoy quiero dejar de lado las notas económicas y simplemente hacer un llamado a la reflexión de usted, que ha labrado un camino y sembrado una empresa del tamaño que sea; usted que paga nómina, paga a proveedores y lidia con clientes. Usted que paga impuestos y no ve el retorno, o que obligatoriamente paga IMSS, pero su personal sigue sin ser atendido.
¿Ha valido la pena? Me refiero a todo lo que hace y que le ha costado. Antes de que responda, lo invito a pensar una respuesta más: ¿qué hay más allá de todo lo que hace? O bien, ¿si tuviera todo resuelto, qué más haría?

El tiempo es implacable: uno se concentra en el negocio y los hijos crecen, la pareja envejece —y uno también—, pero estamos metidos en nuestras cosas. Al final, la factura está ahí, esperando. No es pesimismo de mi parte, es la cruel realidad.

La reflexión a la que lo invito es a hacer tiempo, dedicarle tiempo a los y lo que amamos; es decir, hacer cosas fuera de la «caja» del trabajo. Dese tiempo de salir con su esposa (o esposo) y vaya a tomar un helado, un café o a tirarse en el pasto y conversar de cualquier cosa, que los clientes, la cobranza y los pedidos seguirán ahí.

¡Lea ese libro que compró con interés y sigue en su envoltorio original! Súbase a la bicicleta que está colgada desde hace más de un año y dé un paseo. Tómese esas vacaciones sin hijos y disfruten un tiempo a solas. Beba ese vino que tiene guardado para una ocasión especial. Visite a su madre, a su padre o a ambos si aún viven, y ríase de los viejos recuerdos. Haga una reunión con los amigos que quedan de la primaria.

Mire a sus hijos como potencial para un futuro cercano; olvide los regaños, las recomendaciones o las advertencias. Dese la oportunidad de conocer al hombre o a la mujer que son hoy. Pregunte esa misma pregunta que le hizo al candidato que pretendía trabajar con usted: ¿Dónde vas a estar en cinco años? Y al candidato pregúntele estas tres cosas: ¿con qué sueña?, ¿qué ha sido lo más retador en su vida? y ¿quiénes son las cinco personas que más lo han influido?

Deje de relacionarse por negocios una semana y conozca a las personas con las que convive. Mire a su esposa —o esposo— y recuerde por qué se enamoró; reviva aquello que le gustó y a aquel que fue usted.

La vida, estimado lector, es sumamente corta para seguirla desperdiciando. Los buenos clientes —y también los malos— seguirán ahí; si no paga la factura por darse este espacio, tampoco la pagará si no lo hace. Hace un tiempo aprendí a encauzar el estrés; comprendí que el mismo estrés me causa pagar una factura que pagar la factura de unas vacaciones, un fin de semana en el spa o la que provocó una sonrisa de sorpresa en mi esposa.

Esta reflexión es solo para empresarios exitosos que tienen claro que el éxito no se mide con ceros en una cuenta (que sin duda son importantes), sino en momentos en el corazón que nadie podrá robarle y que tampoco se devalúan.

Reflexione unos minutos en esto y regálele a su cerebro un shot de endorfinas; se lo va a agradecer. Le deseo una buena y reconfortante vida.
Nos leemos la siguiente semana.

Tags: #Empresarios, #Reflexion, bitacoradiario, Economía

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La Pluma de Conín
EDITORIAL
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