Por qué la mediación no es rendirse, es ganar inteligentemente

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Por: Dra. Consuelo Rosillo

Columna: JUSTICIA Y CULTURA DE PAZ

A lo largo de mi trayectoria en los juzgados y durante mi tiempo al frente del Poder Judicial del Estado de Querétaro, fui testigo de una realidad innegable: la justicia tradicional, aunque necesaria, muchas veces duele.

Culturalmente, hemos sido educados para creer que la justicia solo se encuentra al final de un pleito prolongado. Pensamos que ganar implica aplastar a la contraparte en un juicio de años, acumulando expedientes, pagando honorarios interminables y, lo más grave, pagando un costo emocional que muchas veces fractura a las familias para siempre.

Sin embargo, el derecho moderno nos ofrece una salida distinta, una que transforma la visión de la «batalla legal» por la de la «construcción de acuerdos«: los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (MASC).

«Un buen acuerdo no es un premio de consolación frente a un juicio; es una estrategia inteligente que devuelve el poder de decisión a las personas.»

Por ejemplo, cuando una mujer se acerca a pedir pensión alimenticia o cuando una familia se disputa una herencia, el tiempo es su peor enemigo. El proceso judicial tradicional es riguroso por naturaleza, lleno de formalismos, amparos y apelaciones que retrasan la resolución.

En este trayecto, el conflicto escala. Las partes dejan de escucharse en el proceso y comienzan a hablar exclusivamente a través de sus abogados. La incertidumbre jurídica se convierte en ansiedad, y para cuando el juez por fin dicta una sentencia, el daño a la salud mental y a las finanzas familiares suele ser irreparable.

Frente a estos escenarios, la mediación y la conciliación civil y familiar se presentan no como una renuncia a nuestros derechos, sino como el ejercicio más puro de nuestra autonomía.

En la mediación, no hay un juez que imponga desde un estrado quién tiene la razón. En su lugar, interviene un facilitador experto y neutral, certificado por el Poder Judicial, cuya única misión es abrir los canales de comunicación para que las mismas partes diseñen su solución.

¿Cuáles son las ventajas? Son contundentes. Este proceso bajo una modalidad de conciliación es más ágil: lo que en un tribunal puede tardar tres años, en un centro de mediación puede resolverse en un par de semanas. Resulta ser más económico para ambas partes, pues el desgaste financiero se reduce drásticamente, y además tiene una validez jurídica absoluta, lo que la mayoría desconoce. Un convenio firmado ante un mediador certificado tiene la categoría de Cosa Juzgada. Es decir, tiene exactamente el mismo peso y obligatoriedad que la sentencia dictada por un juez. Si se incumple, se ejecuta inmediatamente.

«La mediación es, en esencia, justicia restaurativa. Especialmente en temas familiares, permite que el conflicto termine sin destruir el puente que los padres deberán cruzar por el resto de la vida de sus hijos.»

Desde una perspectiva de derechos humanos y, por supuesto, desde una Mirada Violeta, la mediación es una herramienta poderosa para evitar la revictimización. En lugar de someter a las mujeres a años de desgaste en tribunales exigiendo lo que por derecho les corresponde a sus hijos, la mediación ofrece un espacio confidencial, rápido y seguro para garantizar sus derechos.

Claro está, la mediación no es aplicable para todos los casos —los delitos graves y la violencia familiar sistemática requieren el peso íntegro de la justicia penal—, pero en el ámbito civil, mercantil y de controversias familiares, es el camino hacia el futuro.

La justicia en todos sus ámbitos le está apostando a la cultura de paz. Lo que antes era impensable en las materias civil, familiar, mercantil y administrativa, hoy se visualiza tangiblemente en el nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares. En este marco, los jueces deben, por mandato constitucional, invitar a las partes a utilizar medidas alternas de solución de conflictos.

Es más, hoy Querétaro, que siempre ha sido punta de lanza en materia de justicia, ha preparado a un grupo de 50 facilitadoresabogados y no abogados— en la materia. El objetivo es claro: arribar a una justicia más simple, más accesible y menos formalista, dando cabal cumplimiento a lo establecido en el Artículo 17 Constitucional.

Estemos atentos, porque el arranque de esta nueva cara de la justicia inicia en San Juan del Río a mediados de este año, trayendo consigo un giro fundamental a la forma en la que accedemos a la justicia.

Tags: #justicia, #queretaro, #Reflexion, bitacoradiario

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