En una reciente entrevista con la cadena Fox News, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó duras afirmaciones sobre la situación de seguridad en territorio mexicano, asegurando que las organizaciones criminales han tomado el control institucional del país. Bajo esta premisa, el mandatario estadounidense anunció un cambio radical en su estrategia de combate al narcotráfico, señalando que, tras haber concentrado esfuerzos en las rutas marítimas, su administración iniciará ahora operaciones ofensivas por la vía terrestre.
El titular del Ejecutivo estadounidense fue enfático al declarar que, según su visión, los cárteles son quienes realmente dirigen México en la actualidad. Calificó la situación como un hecho profundamente lamentable y argumentó que el poder de estos grupos ha crecido al grado de dominar diversas regiones y estructuras de la nación vecina. Para Trump, esta realidad justifica una intervención más agresiva en la frontera y dentro de las rutas de distribución por tierra, con el fin de frenar el flujo de sustancias ilícitas hacia el norte.
Uno de los puntos más alarmantes de su discurso fue la cifra de mortalidad que atribuyó al impacto de las drogas en la sociedad estadounidense. El presidente afirmó que los cárteles son responsables de la muerte de entre 250 mil y 300 mil personas anualmente en los Estados Unidos, principalmente debido a las sobredosis y la violencia asociada al tráfico de estupefacientes. Al respecto, destacó que sus estrategias previas permitieron la eliminación del 97 % del tráfico que ingresaba por agua, lo que ahora obliga a su gobierno a centrar toda la fuerza operativa en los cruces terrestres.
Estas declaraciones se dan en un contexto de alta sensibilidad política y diplomática. El anuncio de ataques directos por tierra hacia las estructuras de los cárteles en México plantea serias interrogantes sobre la soberanía nacional y la coordinación con las autoridades mexicanas. Mientras el gobierno estadounidense endurece su narrativa de confrontación, en diversas ciudades se mantiene la expectativa sobre las implicaciones que estas políticas de seguridad transfronteriza podrían tener en la estabilidad regional y en el flujo comercial.
Finalmente, el mandatario estadounidense reiteró que su prioridad absoluta es detener lo que considera una invasión de sustancias que destruyen a las familias de su país. Esta postura sugiere que el año 2026 estará marcado por una relación bilateral sumamente compleja, donde el tema de la seguridad y el control territorial de los cárteles será el eje principal de la agenda entre México y los Estados Unidos, obligando a las autoridades de todos los niveles a replantear sus estrategias de contención y cooperación internacional.





