Ha llegado el tiempo de colgarse muchas medallas, de decir que nosotros sí cumplimos, y salen los otros datos. Aquellos que pintan de cuerpo entero a los que están terminando, a los que se fueron e inclusive a los que ya ni viven, como ha sucedido en el Gobierno Federal, en donde todo su andamiaje para ganar popularidad lo han basado en sucesos del pasado. Es un discurso que no se olvidará rápido porque, al fin y al cabo, mucho hay que señalar de unos y otros. Y entonces la unidad, esa que tanto se pregona, ¿es solo para los que siguen a tal o cual candidato, o es para seguir polarizando y haciendo que la sociedad se envilezca más y deje de creer? E inclusive que menos gente cada vez llegue a las urnas a ejercer su derecho y a expresar su voluntad. Es un triste tema, es una lamentable realidad. Todos le apuestan a tener una mejor calle, una mejor colonia, una mejor ciudad, pero pocos participamos de ello y nos conformamos con decir que pagamos impuestos. ¿De verdad estaremos siendo tan cumplidos?
*** Hay, desde luego, otras medallas que se cuelgan en el alma, en el corazón y no en el cuello. Esas son como el drenaje: están ahí y no se ven, pero se sienten. El ayer es el maestro del error. ¿Cuándo aprenderemos a tenerlo como cimiento de la experiencia y del saber? Las buenas ideas, cuando se intentan poner en práctica, siempre tienen un final horrendo porque se ven manchadas por la corrupción. Cuánto se ha dicho de los ex alcaldes; cuántos rumores a diario se platican en cafés y en paradas de autobuses, en las calles, en las tertulias. Y la verdad es que no hay uno solo que haya sido denunciado, o que se le haya puesto un grillete para que no salga del estado. Los rumores, las especulaciones, las mentiras y la difamación pública no están lejos de ser la práctica de todos los días a partir de que se conozca quiénes serán los que encabecen algunas fórmulas.
*** Que sí y que no. Sí, y qué bueno que todos hablen de unidad, pero que esa unidad de verdad se defienda y se estime como tal; que se base en la lealtad y en los acuerdos y no en los intereses, porque hoy se tiene a mucha gente que está tirando arriba para caer en algún lado, y eso desde luego que es vil y oportunista. Porque los trabajos no se les conocen, porque no se han ganado el don. Porque ese don es de gente que no busca que lo vean cuando da o cuando ayuda, sino que lo hace de manera desinteresada y de corazón. Esas medallas sí valen y fue, en otro tiempo, la forma de elegir funcionarios públicos. Hoy todos han estudiado, hoy todos saben del servicio público en teoría, pero en la práctica siempre fracasan. Al tiempo.




