ENTRE EL DIABLO Y LA POLÍTICA

El Espejo de la Sociedad

En política nadie se salva de la duda, la crítica, ni del señalamiento de que «se hicieron mal las cosas». Ya saben que en esta columna no somos focas de nadie, pero tampoco somos ingenuos: la política es un movimiento SOCIAL que requiere de la participación activa de gobernantes y ciudadanos. No basta con pagar tus impuestos para que todo se arregle por arte de magia.

¿Por qué hago esta introducción? Porque hace unos días la conversación nacional se centró en la captura y baja de “El Mencho”, un evento que, sin negarlo, levantó pánico entre la ciudadanía y el pueblo (identifíquese usted como prefiera). Tras el estruendo, quedan las preguntas que calan: ¿Cómo es que esta organización criminal llegó a tanto? ¿Cómo reclutan a tanta gente? ¿Por qué tanto joven sigue y glorifica a este tipo de personajes? ¿En qué momento estar en el bando de los «malos» empezó a verse bien?

Podemos encontrar muchas justificaciones: las carencias, los contextos familiares, la ambición desmedida o quizá —solo quizá, si es que usted cree en esa tríada de mente, cuerpo y alma— es que el alma se ha podrido. Y cuando el alma se pudre, no hay sentimiento de culpa, ni resentimiento, ni noción de injusticia que valga.

El tema urgente es entender cómo llegan nuestros jóvenes a esas filas. Y más allá de buscar respuestas rápidas, creo que hoy toca centrarnos en las preguntas correctas.

Estoy convencida, y quizá de manera muy ingenua, de que ningún gobernante se levanta pensando: “¡Hoy, cómo jodo a México!” (o coloque aquí el nombre del lugar desde donde nos lee). México se ha construido de muchas voluntades: las de nuestros abuelos, padres, tíos y vecinos. Todas esas voluntades han sumado para levantar lo que hoy tenemos.

Sin embargo, la voluntad política es estéril si se topa con un vacío en el hogar. La construcción social es corresponsable. No podemos exigirle al Estado que sea el padre que no está, ni al gobierno que sea el guía moral que el joven no encuentra en su propia mesa. Si el bando de los «malos» hoy resulta atractivo, es porque como sociedad hemos permitido que el brillo del dinero fácil opaque el valor del esfuerzo, la paz y la empatía.

Hay muchas preguntas en el aire y muy pocas respuestas en los escritorios oficiales. Pero mientras descubrimos en qué momento se nos averió el alma colectiva, la única certeza es que la verdadera política no se hace solo en las urnas; se hace en la formación de esos jóvenes que hoy están en la mira de una ambición desmedida.

A río revuelto, ganancia de pescadores, dicen… pero en este río, los que se están ahogando son nuestros hijos.

Entre el Diablo y la Política… ¿Usted qué está dispuesto a hacer por su propio metro cuadrado?

 

Tags: #opinión, #PARTICIPACIÓNCIUDADANA, #politica, bitacoradiario

Autor

EDDIE VAN HALEN, EL ARTESANO DEL RUIDO
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PORTADA BITÁCORA 1679
EDITORIAL
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