El Paseo del Buey este domingo en Corregidora no es una tradición que tenga que explicarse, aunque hay relatos y leyendas al respecto de este evento con más de 280 años de existencia en esta demarcación, en donde durante las fiestas patronales en honor a la Virgen del Pueblito, Corregidora despierta distinto; y no por el ruido de los autos o por el canto despertador de los gallos en la madrugada, no es esta tradición que aglutina a niños, jóvenes y adultos y que rememora relatos diversos.
Las calles de El Pueblito, en donde se encuentra la Basílica Menor, muy temprano comienzan a llenarse de familias y de público de todo el estado y, en algunos momentos, también de otras partes del país; la tambora y la música marcan el ritmo, mientras el buey, adornado con flores y listones, camina mansamente acompañado por una gran cantidad de asistentes y organizadores.
Los olores de este domingo son diferentes: las familias sacan sus sombreros, hay quienes visten ropas tradicionales, los comerciantes instalan sus puestos; el aroma de la comida típica —gorditas, barbacoa, carnitas— se mezcla con el bullicio de los asistentes, aun antes de que aparezca el buey con su andar cadencioso.
Siempre, como lo marca la tradición, el buey avanza con paso firme, adornado y rodeado de miradas curiosas. No es solo un animal: es símbolo, promesa y memoria. A su alrededor caminan hombres y mujeres orgullosos, algunos con trajes tradicionales, otros con la ropa cotidiana, pero todos con el mismo sentido de pertenencia.
El recorrido es lento y ceremonial. El buey recorre las calles mientras los vecinos saludan, los niños corren y los mayores recuerdan que esta tradición viene de generaciones atrás. Cada esquina guarda una historia; cada paso confirma que Corregidora no olvida sus raíces.
Hay risas, reencuentros y convivencia. El Paseo del Buey es también un espacio de identidad comunitaria; pero además es el resultado de un esfuerzo organizativo que ha sido reconocido por el Congreso del Estado como Patrimonio Cultural Inmaterial de Querétaro, lo que ha dado sustento a su preservación.
Cuando el recorrido termina, la celebración continúa. La comida se comparte, el cansancio se diluye en la charla y el sol cae despacio. El Paseo del Buey no es solo una tradición: es una identidad que se reafirma año con año. Al final del día, queda la certeza de que mientras exista esta caminata, Corregidora seguirá caminando con su historia viva.
Desde la perspectiva social, estas celebraciones no pueden separarse de su contexto. En México, las fiestas populares tienen una profunda relación con la vida religiosa, donde lo mundano y lo sagrado no se oponen, sino que se complementan para fortalecer la cultura, la tradición y la fe.
Esta celebración está ligada a las fiestas patronales; es una ofrenda colectiva, fruto del trabajo comunitario y expresión de agradecimiento y devoción. Lo que se ofrece después en alimentos simboliza también la esperanza de abundancia y bendiciones.
En este tipo de celebraciones, la Iglesia participa y acompaña mediante oficios religiosos paralelos, respetados por la comunidad, que entiende el Paseo del Buey como una manifestación de fe viva.
La Iglesia, al permitir y acompañar esta tradición, reconoce que la religiosidad popular se expresa también en la calle, en la convivencia y en la fiesta. Así, el Paseo del Buey se convierte en un puente entre la vida cotidiana y la espiritualidad. En Corregidora, la fe no se observa desde lejos: camina con el pueblo, al mismo ritmo del buey y de su historia.




