A las puertas de la Copa del Mundo 2026, la percepción pública en México se divide entre un creciente interés por el torneo y un marcado escepticismo respecto a los resultados que pueda obtener el representativo nacional. De acuerdo con los datos más recientes de una medición estadística de alcance nacional, el 65 por ciento de la población manifestó tener poca o ninguna confianza en el equipo dirigido por Javier Aguirre.
A pesar de la desconfianza en el desempeño deportivo, el entusiasmo por el evento ha mostrado una tendencia al alza. Durante el mes de mayo, el interés general por la competencia pasó de un 29 a un 43 por ciento. Este promedio mensual del 37 por ciento sitúa la expectativa social en niveles similares a los registrados en las ediciones de Rusia 2018 y Qatar 2022, donde el interés osciló entre el 37 y 39 por ciento.
En el estado de Querétaro, una entidad que históricamente ha servido como sede alterna y centro de preparación para diversas categorías de selecciones nacionales en el Estadio Corregidora, la tendencia nacional de escepticismo encuentra eco en una afición que ha demandado consistencia en los procesos deportivos. El contexto regional sugiere que, aunque la actividad económica y el turismo suelen repuntar en las plazas futbolísticas durante los años mundialistas, la conexión emocional con el equipo nacional enfrenta uno de sus puntos más bajos en la última década.
Los indicadores de confianza también revelan una brecha de género en la percepción del equipo. Mientras que el 42 por ciento de los hombres expresó tener confianza en el conjunto tricolor, entre las mujeres la cifra desciende al 29 por ciento. No obstante, entre el segmento de la población que se declara seguidor asiduo del fútbol, la confianza se eleva hasta el 61 por ciento, lo que sugiere que la desconfianza está más arraigada en el público general que en la afición cautiva.
La posibilidad de que México obtenga el título mundial es percibida como mínima por la ciudadanía. Únicamente el 6 por ciento de los encuestados considera que la selección nacional será campeona en 2026. Ante este escenario, la opinión pública identifica a las potencias tradicionales como los candidatos naturales al trofeo:
- Brasil: Lidera las preferencias con el 25 por ciento de menciones.
- España: Se ubica en segundo lugar con el 15 por ciento.
- Argentina: Registra un 14 por ciento de apoyo entre los interesados.
- Francia: Aparece con el 12 por ciento de las menciones.
Más allá de la opinión pública, los modelos de análisis econométrico plantean un panorama complejo para la Selección Mexicana. El estratega financiero Joachim Klement, conocido por anticipar correctamente a los campeones de los últimos tres mundiales mediante variables como el Producto Interno Bruto (PIB), población y ranking FIFA, ha presentado su proyección para 2026.
Según este modelo, México lograría avanzar de la fase de grupos como uno de los mejores terceros lugares, superado en su sector por Corea del Sur y Chequia. Sin embargo, el análisis proyecta que la participación mexicana concluiría en la ronda de 32 equipos, tras caer ante el representativo de Bélgica. De cumplirse esta simulación, el equipo nacional no lograría acceder a los cuartos de final, instancia que no alcanza desde la edición de 1986 celebrada en suelo mexicano.
Para la final del torneo, el modelo de Klement se aparta de las preferencias populares y pronostica un enfrentamiento entre Países Bajos y Portugal, resultando el conjunto neerlandés como el nuevo campeón del mundo. El analista subraya que estos modelos explican aproximadamente el 55 por ciento del rendimiento, dejando el resto a factores de azar y variables imprevistas propias de la alta competencia.
La información estadística se basa en un sondeo nacional realizado vía telefónica a 800 ciudadanos mayores de edad durante el mes de mayo de 2026. El estudio cuenta con un nivel de confianza del 95 por ciento y un margen de error estimado de +/- 3.5 por ciento, abarcando las 32 entidades federativas de la República Mexicana mediante un muestreo probabilístico de líneas residenciales y celulares.










