¿Cuántos casos de actuación ridícula puede aguantar la administración presente? Hace un poco más de un mes vimos a una mujer asoleándose las piernas en Palacio Nacional, el oficialismo y sus distintos aparatos dijeron que no era cierto, que era inteligencia artificial, que era parte de una campaña y una serie de improperios, al final, el órgano oficial tuvo que recular y reconocer que se habían equivocado.
Luego hubo un derrame de petróleo que la Gobernadora de Veracruz quiso exhibir como efecto de un barco extranjero, luego uno fantasma, luego que sólo eran unas gotas, aunque la evidencia de chapopote se acumulaba en las playas y la población acaparó por toneladas la evidencia que nunca vio la encargada de protección civil del estado ni PEMEX; y aunque no ha acabado de reconocer dicho costoso derrame, si ha reiterado que ella -la Gobernadora- siempre defenderá a PEMEX antes que a otra cosa; a un perfil así de mendaz no se le debería permitir gobernar, porque en aras de mantener su status quo, será capaz de decir cualquier cosa (y hacer, como la Gobernadora de Campeche).
Esto de mentir no es un tema de sofistas (quien usa argumentos falsos para sostener sus dichos como verdaderos, a pesar de conocer la realidad) sino de que en el Gobierno hay una profunda mitomanía esto es, la tendencia compulsiva a mentir de forma crónica. Un rasgo clave de este comportamiento psicológico, es que, aunque el mitómano es consciente de su mentira al inicio, puede llegar a integrarla en su realidad por un proceso de autoengaño.
Pero si revisamos a un nivel más profundo en México algunos políticos además caen en la disonancia cognitiva, que es el proceso interno que vive el sujeto; para reducir el malestar de saber que miente, ajusta sus creencias o duplica su apuesta por la mentira para que su «yo» no parezca incoherente; esto es ya una deconexión.
El ejemplo más claro de esto que le cuento, lo acabamos de ver en menos de una semana: el Secretario de Educación Pública anuncia el jueves pasado que el ciclo escolar (no unas clases, sino todo el ciclo) terminará anticipadamente el 6 de junio, es decir en casi un mes, básicamente por dos motivos: el calor y el mundial de futbol. Pero no sólo eso, sino que había sido un pacto entre la SEP y los docentes de cada Estado.
No importando ni el gasto que tendrán que hacer los papás debido a que ahora, un mes antes, deberán atender a sus hijos; no importando que lo juegos del torneo de futbol, salvo el juego inaugural, sean por la tarde; no importando que en México se han organizado dos mundiales y unas olimpiadas y nunca se suspendieron clases. No importando que el calor es pasajero y el clima cambia abruptamente -la semana pasada teníamos mucho calor en todo el país, mientras le escribo estas notas, está ingresando la onda fría 50, que provoca descenso de temperaturas y lluvias).
El gasto de las familias que tienen hijos y los llevan a la escuela (pública o privada) es parte importante del ciclo económico de todo el territorio nacional, no sólo en las zonas urbanas incide en el gasto de gasolina, taxis (en cualquiera de sus formatos) transporte público, alimentos, golosinas, pan (en cualquier presentación) frutas, ropa y calzado, gastos de papelería, etc. recortar el ciclo escolar un mes implica un golpe a una economía que no crece, que trae presiones al alza en la inflación e impacta directamente al sector terciario que es el único que más o menos se ha estado defendiendo de los choques de oferta en lo que va del año.
Tan sólo un día después de la publicación de un video y hasta un “comunicado oficial” de la decisión del Secretario Mario Delgado, la Presidente y todos los que nos dedicamos al análisis económico, vimos con escepticismo, por decir lo menos, el rumbo de dicha decisión. Mientras escribo estas notas se hace público que no, que la SEP decido que el ciclo escolar si termina como originalmente se había dicho el 15 de julio y esto porque en la decisión tomada la semana pasada no se tomaron en cuenta ni a los padres de familia ni a los docentes (?). Y entonces nace un nuevo personaje del ridículo en un momento en el que el liderazgo urge y se va convirtiendo en un “bien escaso”.
No hay nada más importante, estratégico, valioso y frágil que la educación de niños y niñas; la preocupación del secretario debería estar puesta en homologar la educación a las nuevas demandas de perfiles profesionales en empresas, crear un modelo educativo alineado a la neurociencia y al uso ético y eficiente de la Inteligencia Artificial, en dotar a los profesores de herramientas de enseñanza efectivas y garantizar infraestructura sólida, actualizada y operativa; no en preocuparse por el calor o del juego de la selección.
Ni a Moliere ni a José Joaquín Fernández de Lizardi, nunca se le hubieran ocurrido tantos personales ridículos por tantas razones tan tontas y creo que a Jorge Ibargüengoitia la imaginación se le hubiera agotado creando a tantos ambiciosos de poder tan ridículamente estridentes, pero son los tiempos que nos han tocado ver.
Yo esperaría la renuncia del secretario, pero claro, es mi lógica no la posverdad en la que se conducen estos personajes que sólo serían producto de la imaginación de Juan Villoro.
Estimado lector, nos leemos la siguiente semana a pesar del calor y en vísperas del Mundial de futbol.










