Asaltos cibernéticos, hackeando emociones y llevándose dinero

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Ha pasado diciembre; los abrazos, las cenas, los regalos y los buenos deseos se fueron quedando en el calendario, pero hay algo que no se tomó vacaciones: los fraudes cibernéticos. Mientras guardamos el arbolito y regresamos a la rutina, los mensajes de “urgente”, las llamadas “del banco” y las promociones milagro siguen circulando como si el espíritu navideño también incluyera intentos de estafa.

Y no, nadie cae por falta de inteligencia; se cae por un momento de vulnerabilidad. Antes del “da clic aquí”, casi siempre hay una emoción activada: prisa, miedo, necesidad, obediencia a la autoridad o soledad al decidir frente a la pantalla. No es torpeza, es humanidad bajo presión.

Los fraudes digitales no se construyen al azar; están diseñados para provocar reacciones emocionales rápidas. Usan la urgencia para evitar que verifiquemos, el miedo para que obedezcamos, la promesa de beneficio para que bajemos la guardia y el aislamiento para que no consultemos con nadie más. Por eso pueden afectar a cualquier persona, sin importar edad, nivel educativo o experiencia tecnológica.

El problema no es desconocer los riesgos, sino el momento en que llega el mensaje. Cuando estamos cansados, apurados o preocupados, el cerebro prioriza resolver rápido, no analizar mejor. En ese contexto, el clic deja de ser una decisión y se vuelve una reacción.

Reconocer esta vulnerabilidad no es excusar el delito, es dejar de culparnos a nosotros mismos y empezar a hablar del tema sin vergüenza. El silencio solo facilita que estas prácticas sigan ocurriendo.

En este entorno, la protección no depende solo de aplicaciones o contraseñas, sino de hábitos básicos de supervivencia digital:

Primero: detenerse. Ninguna institución seria resuelve problemas por mensajes urgentes con enlaces incluidos. La pausa reduce el margen de error.

Segundo: verificar por canales oficiales. No responder al mensaje ni usar los datos que proporciona. Buscar el contacto real de la empresa o institución y confirmar desde ahí.

Tercero: consultar a otra persona. Compartir la duda antes de actuar. La verificación social sigue siendo una de las barreras más efectivas contra el fraude.

La tecnología no es el enemigo. El riesgo aparece cuando olvidamos que seguimos siendo personas, no sistemas de seguridad. En tiempos digitales, protegerse también implica reconocer cómo reaccionamos emocionalmente y aprender a no decidir desde ahí. Porque, así como aprendimos a cruzar la calle mirando a ambos lados, hoy también necesitamos aprender a navegar con un poco más de cautela.

Soy Leticia Pérez, instructora de Informática en ICATEQ, plantel San Juan del Río, con la mirada puesta en lo tecnológico y las vulnerabilidades.

Tags: #AsaltosCiberneticos, #reconocer, bitacoradiario

Autor

De Notarios; Notaritos
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EDICION BITACORA DIARIO 1650
EDITORIAL
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