La Trinidad emblemática para TX

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Tequisquiapan es un municipio de los llamados pequeños entre los 18 que tiene la geografía queretana; sus contrastes son diversos entre comunidad y comunidad, pero hoy el tema es La Trinidad, ese risueño rincón del municipio que colinda con San Juan del Río y que le convida sus minas de ópalo, las cuales han llegado a ser uno de los grandes atractivos que han traspasado fronteras desde allá por los años cuarenta. Pero antes, esta región que hace triángulo con las zonas arqueológicas más importantes de México ya era zona privilegiada y de avistamientos de ovnis.

Esta comunidad, que es una de las más emblemáticas e importantes del municipio, también tiene reconocimiento por la existencia de ópalo, su riqueza arqueológica y las historias que han pasado de generación en generación.

Las principales actividades tradicionales de esta comunidad son sin duda la agricultura y la ganadería, que se ligaron posteriormente a la minería ante el descubrimiento de piedras semipreciosas, fama que recorrió pronto todo el territorio nacional e inclusive el país vecino y algunos otros de la geografía mundial.

Esta comunidad de La Trinidad es uno de los grandes tesoros de Tequisquiapan; tiene zona arqueológica del periodo epiclásico, con vestigios que se presumen a los turistas y estudiosos en donde se distinguen juego de pelota, terrazas ceremoniales, murallas de piedra y basamentos piramidales, así como lo encontrado en la zona como herramientas de obsidiana y piezas de ópalo, que ya los antiguos sabían rescatar de la roca para sus adornos personales.

Los antropólogos y arqueólogos no le dan menor importancia a la zona, al contrario, la consideran de las importantes del centro del país. En la actualidad, esta comunidad pegada a la montaña que da ópalos ha de tener entre los 2 mil y los 2,500 habitantes, que gozan de una ubicación privilegiada y de historias y leyendas maravillosas gracias a la naturaleza, además de ser una comunidad que contagia por su amabilidad y por su bonhomía para con los visitantes.

Su zona cerril, denominada la sierra del Redentor, ha sido explorada, según los vecinos y los historiadores que han dejado algunos testimonios, por españoles, franceses, alemanes y personas de otros países que han llevado estas piedras de colores iridiscentes y que han alcanzado la fama de ser de las mejores del mundo. Así se desarrolla esta comunidad de La Trinidad, que está a escasos 10 minutos en auto de Tequisquiapan y 15 de San Juan del Río, comunidad de la que se cuentan leyendas.

Y estas leyendas han trascendido de generación en generación, como la de la mina encantada, en donde se dice que los espíritus protegían la zona y espantaban a los mineros para que no se llevaran los ópalos, y muchas otras versiones de que en las zonas en donde se escuchaban los golpes sobre la roca al día siguiente se encontraban derrumbes. O bien la historia del ópalo del diablo, que dejaba que alguien encontrara una piedra muy brillante con la que hacía fortuna y después vivía una desgracia, y entonces la piedra regresaba a su lugar para que otro minero la encontrara y esto se convirtiera en un círculo vicioso. O bien la mujer vestida de blanco, que dicen se la encontraban en los caminos que conducen a las minas; otros dicen que este mismo ser aparece caminando sobre las nubes cuando estas bajan a posarse en los cerros de la sierra del Redentor, y sobre el tema se tejen teorías y relatos populares que se les cuentan a los turistas y paseantes para hacer interesante el caminar por esta zona.

Como en todo el centro de México, aquí también se habla de una gran cantidad de túneles que dicen que conectan a un sinfín de minas, y que en esos pasadizos se escondieron y se guardan tesoros de piedra verde y obsidiana, y desde luego ópalos de extraordinaria calidad; y aunque los túneles se desconocen, forman parte del relato histórico-legendario que se cuenta a los visitantes.

Y sin duda que para favorecer no sólo la presencia de visitantes, sino también para mejorar la movilidad, las autoridades municipales se han dado a la tarea de mejorar el camino de acceso, recarpeteando la zona de rodamiento, de la que solo se habla de los beneficios que esto generará no sólo para los habitantes de la comunidad, sino también para los visitantes y para los nuevos vecinos que se están acercando a buscar terrenos y zona de inversión para viviendas nuevas que se vienen detonando.

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EDITORIAL
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