Adriano Herrera Álvarez
Ratzinger
“¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?” Jesucristo
He tratado de sentir en la figura de los Papas —desde aquel robusto Juan XXIII hasta este nuevo norteamericano, máximo representante de la Iglesia Católica, León XIV— la personalidad, lo que su lenguaje corporal me dicta, el carisma, algo que me acerque a su personalidad como un hombre común, fuera de todos los protocolos eclesiásticos y mediáticos… los respeto principalmente por su investidura, la influencia en los católicos y en otras religiones; a algunos Pontífices los he percibido sinceros y entregados, otros, como el viento que pasa entre el follaje de los árboles, no los logro ver o no propicié una atención más puntillosa.
Llegó a mis manos el libro de Joseph Ratzinger (16 de abril, Marktl, Alemania, 1927 – 31 de diciembre de 2022, Ciudad del Vaticano), “Jesús de Nazaret”, un ensayo, un texto que profundiza claramente en la vida, milagros y enseñanzas de Jesús, los porqués sobre la obra cristiana, el Cristo histórico y el Cristo como Hijo de Dios, que con la sangre que derramó en el Monte Calvario redime los pecados del hombre, mereciendo así la vida eterna.
Ordenado sacerdote en 1951, fue nombrado Arzobispo de Múnich y Freising y proclamado Cardenal en 1977; en 1981 fue designado por Juan Pablo II como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 19 de abril de 2005 fue elegido Papa con el nombre de Benedicto XVI; fue el Papa número 265.
En 2006 publicó su primera encíclica, Deus Caritas Est. Su obra teológica y pastoral abarca más de seiscientos artículos y un centenar de libros traducidos a varios idiomas.
Desde mi punto de vista —muy personal—, me parece que el Papa Benedicto XVI fue el menos carismático en la historia de los Papas, no el carisma de Juan Pablo II ni del Papa Francisco; sí fue un gran teólogo y estudioso de las Escrituras Bíblicas, sin duda.
Opiniones del Papa Benedicto XVI sobre este libro:
“Este libro sobre Jesús es fruto de un largo camino interior. En mis tiempos de juventud —años treinta y cuarenta— había toda una serie de obras fascinantes sobre Jesús: las de Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel William, Giovanni Papini, Daniel-Rops, por mencionar solo algunas. En ellas se representaba la figura de Jesús a partir de los Evangelios: cómo vivió en la Tierra y cómo —aun siendo verdaderamente hombre— llevó al mismo tiempo a los hombres a Dios, con el cual era uno en cuanto al Hijo. Así, Dios se hizo visible a través del hombre Jesús y, desde Dios, se pudo ver la imagen del auténtico hombre.”
“En los años cincuenta comenzó a cambiar la situación. La grieta entre el Jesús histórico y el Cristo de Fe se hizo cada vez más profunda; a ojos vistas se alejaban uno del otro. Pero, ¿qué puede significar la Fe en Jesús el Cristo, en Jesús Hijo del Dios vivo, si resulta que el Hombre Jesús era tan diferente de como lo presentan los evangelistas y como, partiendo de los Evangelios, lo anuncia la Iglesia?”
“Los avances de la investigación histórico-crítica llevaron a distinciones cada vez más sutiles entre los diversos estratos de la tradición. Detrás de estos, la figura de Jesús en la que se basa la Fe era cada vez más nebulosa, iba perdiendo su perfil. Al mismo tiempo, las reconstrucciones de este Jesús, que había de buscarse a partir de las tradiciones de los evangelistas y sus fuentes, se hicieron cada vez más contrastantes: desde el revolucionario antirromano que luchaba por derrocar a los poderes establecidos y, naturalmente, fracasa, hasta el moralista benigno que todo lo aprueba y que, incomprensiblemente, termina por causar su propia ruina. Quien lee una tras otra alguna de estas reconstrucciones puede comprobar enseguida que son más una fotografía de sus autores y sus propios ideales que un poner al descubierto un ícono que se había desdibujado. Por eso ha ido aumentando, entre tanto, la desconfianza ante estas imágenes de Jesús. Pero también la figura misma de Jesús se ha alejado todavía más de nosotros.”
“Como resultado común de todas estas tentativas, ha quedado la impresión de que, en cualquier caso, sabemos pocas cosas ciertas sobre Jesús y que ha sido solo la Fe en su divinidad la que ha plasmado posteriormente su imagen. Entre tanto, esta impresión ha calado hondamente en la conciencia general de la cristiandad. Semejante situación es dramática para la Fe, pues deja incierto su auténtico punto de referencia: la íntima amistad con Jesús, de la que todo depende, corre el riesgo de moverse en el vacío.”
“Jesús de Nazaret” del Papa Benedicto XVI / Editorial Planeta 2007.
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